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miércoles, 12 de octubre de 2016

Daniel Colson: “El anarquismo es extremadamente realista”

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Entrevista con Daniel Colson, filósofo e historiador, sobre la actualidad del anarquismo. 

Entre las tradiciones históricas revolucionarias, es difícil encontrar una más repleta de tesoros que el anarquismo. Las diferentes versiones del marxismo-leninismo (maoísmo, trotskismo), son hoy prácticamente “lenguas muertas”, es decir, “lenguas que no son ya la lengua materna de ningún individuo, ni la lengua de uso en ninguna comunidad natural de hablantes”. Y si algún autor de esa corriente aún nos hace pensar hoy, como es el caso de Gramsci, es por haber tenido que inventar en su día un nuevo lenguaje (en lugar del vocabulario marxista clásico) para esquivar la censura. 

Por el contrario, el anarquismo resuena intensamente con los movimientos políticos más recientes como las plazas de 2011: autoorganización, rechazo de la delegación, disgusto hacia las intrigas de palacio, atención sensible hacia todas las relaciones vitales, carácter afirmativo y no sólo reactivo, lógica no frontal o simétrica del antagonismo, etc. Y sin embargo, ese vínculo es más implícito e inconsciente que explícito. ¿Por qué? Porque hay dragones. Dragones guardianes que, hechizados por el brillo del tesoro, lo custodian de tal modo que lo sofocan y esterilizan. Encierran el anarquismo en siglas, fechas y héroes, fetichizan la memoria, construyen identidades-fortaleza, desconfían de lo nuevo.
Se vuelven necesarios, pues, los espíritus aventureros que se atreven a burlar la vigilancia de los dragones para liberar y compartir los tesoros retenidos. 
Los “traductores” que devuelven la vida al anarquismo y el anarquismo a la vida, activando una memoria no nostálgica, sino inspiradora para el presente. Como por ejemplo Tomás Ibañez,  Christian Ferrer o el filósofo e historiador francés Daniel Colson.
En esta entrevista concedida a la revista francesa Ballast, Daniel Colson comparte algunos de los preciosos tesoros que ha encontrado en sus incursiones: el anarquismo como ontología y no como utopía o ideal, la visión del Estado como “resultante” de las relaciones de poder micro, el antiautoritarismo existencial como rasgo libertario, la ética anarquista como lógica de los comportamientos y los afectos, la revolución social más allá de la revolución política, el sentido de la multiplicidad, etc.
Tesoros para disfrutar y compartir, para activar en la vida y en las luchas, una vez liberados de los dragones guardianes de la ortodoxia.

Propones la idea de que el anarquismo no sería un modo de vivir, ni un estado de ánimo, sino una verdadera ontología. ¿Qué quieres decir con esto?
Hablar de ontología es hablar de lo que es, de lo que hay, de las cosas, de los hechos. Al contrario de lo que se piensa a menudo (algunos libertarios también lo hacen), el anarquismo no es un ideal o una utopía, ni tampoco una de esas ideas bellas pero irrealizables. El anarquismo es extremadamente realista. Habla de las cosas tal y como son: el caos, los accidentes, la vida y la muerte, la alegría, pero también la tristeza y el sufrimiento, las relaciones de fuerza y de poder, el azar y la necesidad, tanto de la existencia humana como del mundo y el universo que son los nuestros. En dos palabras, la "anarquía" de lo que es. El idealismo y la utopía no están del lado del anarquismo, sino del lado de las "leyes", de las "religiones", de los "Estados" y de los sistemas (incluso científicos) que pretenden poner orden y dar sentido al caos, doblegarlo a su lógica particular, a costa de muchos sufrimientos, violencias y obligaciones. El orden se dice a sí mismo realista, pero su realidad no es otra que la de la dominación.
¿Podrías hablarnos de esto a través de un ejemplo?
Sí, formo parte desde hace muchos años de una librería asociativa libertaria, La Gryffe. Como todas las asociaciones -esos "seres colectivos", que diría Proudhon-, La Gryffe ha vivido (y vive) numerosos conflictos a lo largo de su dilatada historia: una multitud de pequeñas tensiones localizadas en el día a día; pero también conflictos generales (o de conjunto) más o menos dramáticos, bajo la forma de crisis periódicas en torno a la orientación y el funcionamiento de la librería o a la apropiación de la "fuerza colectiva" (Proudhon) que "resulta” de cualquier cooperación, grupo o asociación.
Esas tensiones y crisis han provocado a menudo un profundo desánimo entre los miembros de La Gryffe y entre quienes la observan desde fuera. ¿Cómo? ¿Incluso un proyecto libertario como La Gryffe no logra evitar las fricciones, los líderes y las luchas por el "poder"? ¿Qué pasaría entonces en un marco más amplio? ¿Cómo puede creerse en el proyecto anarquista si ya sus más mínimas manifestaciones y tentativas no consiguen funcionar sin complicaciones, divisiones, renuncias, impotencias y choques (incluso a veces violentos, como lo demuestra la historia del anarquismo español)?
Por supuesto, hay razones evidentes en este mundo para estar desanimado. Pero desde un punto de vista libertario, no son de este tipo. No tienen que ver con la debilidad de una utopía o ideal que se estrellaría contra la dura realidad de un mundo en el que actuar como un ángel conduce muy a menudo a comportarse como una bestia. Lejos de sorprenderse o desanimarse, los anarquistas deberían advertir que las tensiones, los conflictos, las pasiones, las rivalidades y las violencias que se pueden constatar por todas partes son justamente la prueba más concluyente de la ontología que ellos defienden: la anarquía de lo que es, la anarquía de lo que hay. Bajo la fachada de las religiones y los Estados, de la cortesía y de las apariencias, siempre espera una nueva crisis, una nueva explosión, una nueva demostración del carácter anarquista e indomable de la realidad.
El desánimo de los libertarios no tiene que ver con el diagnóstico de la realidad, sino con la dificultad para deshacerse del peso de las representaciones idealistas, con la transformación reiterada del realismo anarquista en unos principios abstractos e ideológicos comparables a los de todas las demás ideologías y religiones, morales o estatales. Una vez convertido en programa e ideal, los anarquistas se esfuerzan, como nuevos Sísifos, en aplicar el proyecto anarquista a la realidad, pero es en vano. Ni siquiera disponen del poder de las instituciones autoritarias y jerárquicas que podrían darle a su proyecto, como ocurre en los demás casos, ciertas apariencias de realidad.
¿Dónde y cómo nace la concepción anarquista de la realidad? ¿Y en tu caso personal?
El punto de partida de la concepción anarquista del mundo no radica en la filosofía o en "la cabeza" de algunos pensadores como Proudhon o Bakunin. Bakunin "se vuelve anarquista" tardíamente, bajo el efecto de los acontecimientos, de su encuentro sensible y concreto con los  obreros relojeros del Jura en Suiza. El pensamiento de Proudhon, muy marcado al comienzo de su vida por la experiencia profesional en una imprenta, se debe principalmente a los acontecimientos de 1848, que transformaron profundamente, quizá no tanto a la persona que era, pero sí lo que pensaba y no dejó ya nunca de pensar.
En mi caso (mucho más modesto, evidentemente), tampoco empecé por la filosofía, sino también por unos acontecimientos (los de Mayo del 68 en este caso) que cambiaron mi vida, pero también por una serie de investigaciones históricas profundas sobre el movimiento obrero. Es decir, yo me hice interiormente anarquista en el fuego de los acontecimientos de Mayo, pero fue el contacto con la historia obrera lo que me hizo entender la amplitud y la profundidad del proyecto libertario, su manera de relacionarse con las cosas y con la vida más inmediata y material, así como la radicalidad de la revolución que este proyecto implica.
En el vocabulario de la filosofía contemporánea, se podría decir que el anarquismo constituye un horizonte de pensamiento o, de manera más amplia, un “plano de consistencia” (Deleuze). Algo "prende", algo "cuaja" y va asociando numerosas entidades diferentes al mismo tiempo que las hace proliferar: prácticas, teorías, técnicas, expresiones, temperamentos, personalidades, modos de ser, conceptos, gestos, ideas, estéticas, etc. Proudhon propone un concepto especial para pensar este "cuajar" de hechos y fuerzas diferentes: es el concepto de "homología" (que por cierto usa también Spinoza cuando explica, a groso modo, que hay más puntos comunes entre un caballo de labranza y un buey que entre un caballo de labranza y un caballo de carreras). 

Así es como se han asociado (para mí) realidades tan diferentes como la historia del movimiento obrero y El Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, entre ellas y a la vez con todo un mundo de hermanos, hermanas y primos, a veces muy lejanos: Spinoza, Leibniz, Simondon, Gabriel Tarde y muchos otros más. Y así creo que puede entenderse el concepto de "anarquía positiva" de Proudhon: un "prender", un "cuajar" de cuerpos y sentidos, no como se solidifica el hormigón (esa es la manera del fascismo religioso y el integrismo islámico), sino más bien en el sentido de una improvisación de jazz: modos de asociación de entidades radicalmente dispares y singulares que recomponen el mundo sin dejar nunca de ser diferentes, de tener una realidad, un modo de ser y un punto de vista radicalmente irreductibles a todos los demás. Los "haces de autonomía" (Proudhon), las "libres asociaciones de fuerzas libres" (Bakunin) o la "unión libre [...] de los únicos" (Stirner y Landauer) son modos de asociación que implican la autonomía absoluta de las fuerzas asociadas.

Hablabas de "anarquía positiva". ¿Tiene esta noción de Proudhon un eco en tus libros, en tu insistencia sobre el carácter nocivo del resentimiento y de la negatividad como motores políticos, tan presentes sin embargo en los ámbitos contestatarios? En el fondo, ¿cómo luchar sin odio?
No había pensando en el sentido que le das a la palabra "positiva" en la fórmula de Proudhon. Me parece que esta palabra le servía sobre todo para distinguir entre una especie de anarquía primera, en el sentido tradicional y negativo de "an-anarquía", de caos, y un segundo sentido, la auto-organización en el seno de ese caos, la auto-organización de ese mismo caos, mediante todo un proceso de selección de fuerzas, de disposiciones, en oposición y en equilibrio, etc. Pero, tenga que ver o no con Proudhon, tu pregunta sigue vigente y valida.
El anarquismo, estrechamente vinculado en su nacimiento a la violencia de la lucha de clases de los inicios del capitalismo industrial, no se libró de los efectos de odio, de resentimiento y de venganza que inducía dicha violencia. Pero no es el odio y el resentimiento lo que llama más la atención cuando se estudia la historia del anarquismo, especialmente de ese anarquismo obrero que fue su cuna y su horizonte.
Si uno examina la organización de los  "Caballeros del trabajo" o el contenido de los discursos de los líderes de los movimientos obreros que recriminan a su público la actitud de esclavos o de ovejas, es que el anarquismo obrero nace y se afirma, no como un movimiento de víctimas, sino de "maîtres" [amos y señores, pero también maestros y maestros artesanos], en el sentido que Nietzsche da a esa palabra. El "amo" anarquista y el "amo" nietzscheano comparten la característica decisiva de no tener ni necesitar esclavos (tanto Nietzsche como Proudhon son críticos de Hegel y de su dialéctica del amo y del esclavo).

Los "amos" de artes y oficios donde el anarquismo encuentra a muchos de sus militantes, los “amos” zapateros del Père Peinard que echan a los patrones a golpes de cinturón, etc. Habría mucho que decir sobre la complejidad y la ambivalencia de aquella actitud de "amos", tanto en el terreno profesional como dentro de las familias obreras, a través del modelo patriarcal que defiende vigorosamente Proudhon, donde el cinturón no sólo sirve para echar a los patrones...
Los "amos" de Nietzsche y del anarquismo son afirmativos, afirmativos en la rebelión y en las fuerzas interiores que autorizan esa rebelión, incluso cuando se trata de una rebelión tan desesperada como la de los Sonderkommandos de Birkenau o de Treblinka. En Nietzsche y en el anarquismo encontramos la misma idea de una afirmación emancipadora que escapa a toda negatividad; una afirmación generosa que pretende arrastrarlo todo consigo, rehacerlo todo, como lo demuestra la idea de huelga general insurreccional y el "separatismo" que implica ("la comunidad en la fuga" de la que habla Gustav Landauer) y que uno encuentra en el viejo anarquismo obrero, pero también en muchos movimientos contemporáneos (puede leerse en este sentido A nuestros amigos, el último libro del Comité Invisible). 

Creo que estás de acuerdo con el análisis que hace  Foucault del poder, ¿nos puedes decir algo más al respecto?
Para Foucault, el "poder" está en todas partes: es una multitud infinita de pequeños poderes o de pequeñas relaciones de poder que se encadenan, producen y sostienen entidades más amplias (las "resultantes" de que hablan Proudhon, Bakunin, Reclus...): los Estados, las Iglesias, las leyes religiosas, el capital, Dios. Todas las micro-relaciones de poder parecen emanar de estas entidades, pero en realidad son su causa y su sostén .
Se puede lamentar que Foucault no haya tomado más en cuenta el pensamiento libertario. Pero también es lamentable el hecho de que el pensamiento libertario haya podido, no tanto en sus prácticas como en las representaciones de muchas de sus organizaciones y de sus militantes más ideológicos, hipostasiar las resultantes de las relaciones de dominación: hipostasiar el Estado, el capital, las religiones como grandes enemigas (reproduciendo la creencia de que ellas son la fuente y el origen de las relaciones de poder, cuando en realidad sólo son sus resultantes y sin ellas no son nada).
El anarquismo no nació de una teoría previa y negativa del Estado y su conveniente destrucción. De forma mucho más concreta, el anarquismo nació de la práctica y de las interacciones inmediatas y minúsculas de la Primera Internacional, del modo en que Anselmo Lorenzo y Paul Robin percibieron las relaciones de Marx con sus discípulos, por ejemplo. Son estas pequeñas interacciones, amplificadas, las que han dado sentido a una crítica más general del Estado, del Capital, de la Religión, de la Política y de los Partidos. De manera muy significativa, el movimiento libertario naciente no se definió primero como anarquista, sino como "anti-autoritario". El anarquismo nació de prácticas y percepciones anti-autoritarias (la vertiente guerrera y combativa de la palabra "libertario") y son esas prácticas y esas percepciones las que han continuado dándole cuerpo y sentido al anarquismo, al anarquismo obrero o al anarquismo actual, en sus componentes más vivas y menos ideológicas.
La suerte del anarquismo es que, como movimiento práctico y nacido de la práctica, tuvo enseguida, con Proudhon y Bakunin principalmente, una teoría homóloga a esas prácticas. Una teoría de la "fuerza colectiva" compuesta por otras fuerzas colectivas que producen "resultantes" que corren siempre el riesgo de volverse contra las mismas fuerzas que las han producido. Sé que es complicado, sobre todo para las mentes marcadas por las representaciones del orden dominante, pero me parece que quienes tienen las tripas (ese "otro cerebro") o el resorte anarquista, deberían hacer el esfuerzo de leer realmente a Bakunin, a Proudhon, a Kropotkin y a tantos otros... 

¿Qué podríamos encontrar en estos viejos autores?
Por ejemplo, Proudhon proporciona una batería de conceptos extremadamente ricos y esclarecedores sobre la naturaleza de las relaciones de poder. "Fuerzas", "fuerzas colectivas", "resultantes", "componentes" y "composiciones", "absolutos", "mónadas", etc. La gran originalidad de la teoría anarquista de inspiración proudhoniana se puede resumir en tres puntos:
1. Dar cuenta, de manera concreta, de todas las potencias que nos aplastan y dominan en el campo económico (teoría del valor), político (nacimiento y sostenimiento del Estado), ideológico y simbólico (Iglesia, Dios).
2. Dar sentido a las luchas e interacciones más inmediatas y minúsculas, frente a la visibilidad cegadora de las grandes dominaciones, como los "focos" donde se libra por doquier la guerra entre dominación y emancipación.
3. Inscribir explícitamente lo que está en juego de manera global e inmediata en lo que Proudhon llama una "nueva ontología" que funda la potencia teórica, práctica y revolucionaria del anarquismo. 

Criticas el "cientificismo ingenuo y cínico" del marxismo y elogias la ética del anarquismo. ¿Cuál es esa ética? ¿Que los medios, como decía Camus, son ya fines en sí mismos? ¿Que, como declaraba Malatesta, a quien dedicaste un libro, más vale una derrota que la victoria sin principios?
Me parece que habría que precisar lo que entiendo por "principios". En el anarquismo, no se trata de ideas y leyes abstractas, codificadas y grabadas en mármol. Se trata de una determinación y de un juicio internos a cada situación , por minúscula que sea, un juicio o una evaluación inmediata, práctica y muy intuitiva, intempestiva, por ejemplo la de los milicianos españoles desertando de las columnas anarquistas en el momento mismo de su militarización.
Camus tiene razón. Para el anarquismo, solo existen "fines" y no "medios", fines inmediatos e innumerables: en dos palabras, la anarquía, la an-arkhe , no es la ausencia de principios, sino un exceso de principios primeros, de “absolutos” como decía Proudhon, que asociados y federados, son capaces por selección, confrontación, imitación, lógica y dinámica internas de reproducirse y propagarse por todas partes. El anarquismo se opone a cualquier lógica instrumental y utilitaria, objetiva y objetivante. Cada cosa es una fuerza singular que resulta de una composición de fuerzas igual de singulares, ellas mismas compuestas de otras fuerzas singulares.
Para criticar el anarquismo, hay quien habla de "deseo", de "capricho" y de "subjetividades deseantes". Pero es equivocado reducir el anarquismo a las trampas y las deformaciones del liberalismo, a la presión de consumir cada vez más objetos o mercancías de todo tipo. Para el anarquismo, los "deseos" no son los del consumo capitalista y sus individuos artificiosos, esas "unidades de codicia" de las que habla Gilles Châtelet en Vivir y pensar como puercos: "bolas de billar patéticas que en sus esfuerzos por diferenciarse se hunden cada vez en la mayor equivalencia". Para el anarquismo, los deseos son fuerzas materiales singulares que implican y movilizan cada vez la totalidad de lo que es, bajo cierto punto de vista, según cierta configuración, un modo de ser opresivo o emancipador. "Deseos", "fuerzas", "voluntad de poder" (pero también "conatus", "entelequias" y otras nociones) son conceptos que afirman, cada uno a su manera, la misma realidad, la realidad material de lo que es. 

Efectivamente, al cientificismo del marxismo (a las "situaciones objetivas" decretadas e impuestas por el Partido), el anarquismo no le opone ninguna moral, ni unos principios morales, sino una "ética", en el sentido de Spinoza. Una ética que es ante todo una etiología, una lógica de los comportamientos y de los afectos, un sentido práctico, que proviene de las cosas, los acontecimientos y las situaciones. 

Una vieja querella agita los movimientos de emancipación, en el sentido amplio de la palabra: el individuo y el colectivo. Se acusa a menudo a los anarquistas de despreciar el segundo término y a los comunistas de sacrificar el primero. ¿Cómo resuelves esa cuestión?
Históricamente, el anarquismo padeció durante mucho tiempo una corriente "individualista" muy particular y que hoy, afortunadamente, casi ha desaparecido. Se volvió inútil en la medida que el propio capitalismo impuso a todo el mundo la "individualización" de los "gustos y colores" que el individualismo "anarquista" oponía a las nuevas y viejas comunidades (Iglesias, sindicatos, oficios, naciones, familias, grupos de afinidad, etc.). Este individualismo anarquista (que siempre fue marginal y que todavía perdura aquí y allá, en el terreno de la alimentación, de la procreación o de la sexualidad por ejemplo) tiene dos características negativas.
Acabamos de ver la primera: la inscripción del individualismo anarquista en el interior de las representaciones y las prácticas o los "deseos" del liberalismo capitalista hoy hegemónico. La segunda característica deriva de la primera pero va más allá. Es la creencia exorbitante en la existencia primera y auto-fundadora de un "sujeto" trascendental, dueño de sus elecciones y de sus decisiones; una creencia y un postulado extremadamente poderoso en la vida práctica (educativa, laboral, judicial…) y en el terreno de la filosofía, desde Descartes a Sartre, pasando por Kant, Husserl y muchos más. 

Para los movimientos anarquistas pasados y presentes, la relación entre el individuo y el colectivo se plantea en unos términos y en un horizonte de pensamiento y acción radicalmente diferentes. La afirmación "personal", como diría Proudhon, no tiene nada de liberal y no remite a la ficción moderna de un individuo o un sujeto trascendente, que existiría por fuera de las cosas, de las situaciones y de los acontecimientos. La inmensa mayoría de los militantes revolucionarios, orgánicamente vinculados a movimientos de masas (principalmente, el sindicalismo), pueden calificarse seguramente como "personalidades fuertes" o "individualistas", pero ese individualismo y esa personalidad sólo tienen sentido y existencia dentro de los movimientos colectivos, dentro de las "subjetividades colectivas" de las que son a la vez el producto y una de sus componentes. 

Un último comentario: para el anarquismo, no hay diferencias de naturaleza entre el "individuo" y el "grupo". Como lo subraya Proudhon, "el individuo es un grupo", un "compuesto de potencias" ellas mismas compuestas de otras potencias compuestas y así hasta el infinito. El "individuo es un grupo" y todo "grupo es un individuo", una "individuación", un "ser", una "subjetividad", un "absoluto", cada vez singular y sorprendente, y sólo mediante una larga experiencia colectiva podemos captar sus fuentes y sus efectos, buenos o malos, opresivos o emancipadores. 

Críticas la pertinencia de las nociones de derecha y de izquierda como "ilusiones" que sólo sirven para estafar a los ciudadanos-electores. ¿Piensas que habría que superar esa división ineficaz para comprender nuestra época, como aconsejaba Castoriadis? Hay quien te diría que es lo mismo que dice el Frente Nacional...
La distinción derecha/izquierda, así como el "ni derecha ni izquierda", son nociones políticas y politiqueras, aunque se basen y actúen en un viejo fondo imaginario que desborda los meros dispositivos políticos. El anarquismo recusa lo político como una trampa mortal para un proyecto revolucionario que abarca la totalidad de lo que hay, que parte de esta totalidad, de todos sus componentes. A la "revolución política" (nuevo Estado, nuevos dirigentes, nueva constitución), el anarquismo opone desde el principio una revolución social y económica ("la Social") que se distingue radicalmente de la simple y vieja revolución política. Una revolución que parte de todas las cosas, una revolución de largo recorrido que las implica a todas por igual: es "la independencia universal" y "la independencia del mundo" que cantan las viejas canciones obreras del siglo XIX. En esa lógica emancipadora, los "revolucionarios" no preguntan jamás a sus numerosos compañeros de pelea si son socialistas, de derechas, cristianos o budistas. La dinámica y la lógica emancipadora valen por sí mismas, no se exigen los compromisos ideológicos propios de los partidos, las Iglesias o las "sectas". 

Hemos visto recientemente, en España, a ciertos anarquistas mostrarse  extremadamente hostiles hacia un movimiento como Podemos y, en particular, hacia su portavoz Pablo Iglesias: ¿no hay una especie de purismo y de sectarismo en el movimiento anarquista que le condena a predicar dentro de su capilla, a hablar sólo a las minorías, a mantenerse lejos de “las masas”, por usar una palabra que no te gusta mucho?
Desconozco la naturaleza de esas críticas hacia Podemos y, por experiencia, desconfío un poco de ellas. Pero en lo que venimos diciendo creo que habría argumentos para elaborar una crítica anarquista. Podemos presenta dos características estrechamente unidas e igualmente inaceptables para el anarquismo:
1. Una solución política, ganar las elecciones, conquistar el poder del Estado.
2. Fundar su acción y esta victoria (de opinión) sobre la cantidad, sobre la "mayoría" de individuos-electores-ciudadanos, que se parecen como tales a las "bolas de billar" de Chatelet y se expresan en  grandes coreografías "de masa" que llegan después de (y codifican) las movilizaciones de las multitudes heterogéneas.
Para acabar, quizá la pregunta más difícil: ¿podrías dar una breve definición del anarquismo?
Es Deleuze (y Guattari) quien, de manera aparentemente enigmática, da a mi juicio la mejor definición: la Anarquía, "una extraña unidad que sólo se reclama de lo múltiple". Espero que lo dicho anteriormente contribuya a aclararla.
Esta es una versión parcial de la entrevista publicada por la revista francesa Ballast en febrero de 2015.
Traducción al castellano de Nicolas Bersihand. 
La versión portuguesa de esta entrevista ha sido publicada aquí.
En castellano, Daniel Colson ha publicado  Pequeño léxico filosófico del anarquismo (de Proudhon a Deleuze).  

lunes, 26 de noviembre de 2012

El documental "Economia Col·lectiva. L’última Revolució d’Europa" busca financiación para su realización.

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"Economía Colectiva. La última Revolución de Europa” es un documental que profundiza por primera vez en el episodio más extraordinario de nuestra historia reciente: la incautación y gestión colectiva de industrias y servicios por parte de sus trabajadores y trabajadoras.
El 19 de julio de 1936 las victoriosas organizaciones obreras establecen la democracia directa en los centros de trabajo. La propiedad privada y estatal de fábricas, talleres, almacenes y grandes empresas es reemplazada por la propiedad colectiva. Desde barberías a mercados, desde cines a hospitales, las más importantes y estratégicas compañías como Telefónica, General Motors, Campsa, Construcciones Aeronáuticas SA, Aguas de Barcelona, Cervezas Damm, Transmediterránea, Transportes de Barcelona, y al menos otras 11.000 firmas más, son colectivizadas. Pero esto sólo es el inicio de un proceso más amplio y ambicioso: la coordinación de toda la actividad económica hasta alcanzar su plena socialización.
Para profundizar por primera vez en formato audiovisual de una de las transformaciones más radicales e innovadoras del siglo XX ha surgido este proyecto, que comenzó cuando los autores de él encontraron un testigo que participó en la colectivización del taller donde trabajaba, y que necesita una aportación para terminar del todo su realización.
Para más información y colaboración: http://www.verkami.com/projects/3547

  

martes, 4 de septiembre de 2012

Liberto Callejas, un anarquista solitario.

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El historiador Josep Portella recupera la figura del un político menorquín caído en el olvido. Anna M. Bagur | 31/08/2012

 El primer volumen de la colección Llibre d'exilis, a cargo del historiador Josep Portella (Ciutadella, 1955), se dedicó a recuperar la biografía de tres personalidades del ámbito político español, y origen menorquín, activos durante la República: Estanislau Ruiz, Marçal Pascuchi y Liberto Callejas. A partir de esta investigación la editorial menorquina Ses Voltes encargó a su autor 'la biografía larga' sobre la trayectoria de Callejas, l'anarquista incommovible, ya disponible en las librerías.

-¿Qué debemos saber del Liberto Callejas histórico?
-Es un menorquín cuyo nombre real es Joan Perelló Sintes, hijo de madre menorquina y padre mallorquín. Nace en Maó en 1884. Ideológicamente se forma en París como anarquista, y murió en el exilio mexicano en 1969. Vinculado al grupo 'Los Solidarios', es director de la revista Solidaridad Obrera, y colabora en diversas publicaciones en España y México. Una larga vida de características novelescas.

-¿Cómo se plantea la investigación de esta biografía?
-A partir de sus escritos, con los que desarrollar una cronología, y artículos, y alguna referencia en textos de otros activistas, ya que documentación personal o testimonios directos no se han encontrado todavía.

-¿Cómo se define su personalidad?
-Callejas fue un hombre de formación autodidacta, su interés era la lectura, ya sea de los clásicos del anarquismo como la filosofía franciscana, lo que le inculcó una personalidad ascética y solitaria. Además siempre tuvo problemas de salud que limitaban su acción en mítines y reuniones.

-¿Cuál es su tendencia anarquista?
-No fue un ideólogo original, a diferencia de Buenaventura Durruti, amigo suyo, u otros. Parte del anarquismo de principios de siglo. Su convicción es anticolaboracionista, defiende la acción directa, considerando a todos los políticos nocivos. Defiende el sindicato como la única fórmula de organización, y consideraba que la guerra es la oportunidad para llegar a la revolución.

-¿Con su trayectoria cómo se olvida una figura como ésta?
-Un poco por silencio del propio Callejas. Aunque Hermoso  Plaza hace referencia a «la maleta llena de papeles de Liberto», ésta no se ha encontrado. Tampoco dejó nada en el Sanatorio Español donde murió en México, ni en la Federación Anarquista de México, ni dejó ninguna biografía. Además fue soltero y sin familia.

-¿Cómo viven el exilio estos políticos?
-Hay dos tipos de exiliados. Los que renacen y empiezan una nueva vida, como Joan Comas; y los que no dejan nunca España y se sienten desterrados, con cierta amargura, como Liberto Callejas, una sensación que se percibe en sus obras.

-¿Existe una lección general?
-Que los menorquines no solo se dedicaron al folklorismo, había comunistas, anarquistas, socialistas... En estos momentos aparecen unos veinte nombres con importancia histórica, entre ellos Callejas, olvidados por la historiografía, pero que definen un mosaico ideológico y social de una época que también es la nuestra.

http://ultimahora.es/menorca/noticia/noticias/cultura/liberto-callejas-anarquista-solitario.html
 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Sólo l@s anarquistas son hermos@s

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La contracultura impregna mensajes, emblemas y lucha de clases. ¿Qué queda cuando descodificamos nuestra herencia cultural?
Servando Rocha/Diagonal

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El sonriente Rufus Walls, flamante representante black panther de su sección de Illinois, se creía un tipo listo, o al menos eso parecía cuando, ante la muchedumbre que abarrotaba el Coliseum de Chicago no dudó en reconocer que estaba a favor del “pussy power” (pussy quiere decir “gatita” y es también el equivalente de “chochito”). Lo dijo así, con soltura y sonriendo.
Entre los asistentes, activistas de una enorme organización llamada Estudiantes por una Sociedad Democrática –entonces a punto de implosionar en distintas facciones y tomar el camino de la violencia política–, muy pocos fueron los que escucharon con claridad el comentario: no era posible haber escuchado aquello. Las feministas reclamaron su piel arrancada a tiras. Walls hablaba al estilo black panther: las frases salían imparables, arrastrando cada sílaba, y las ideas brotaban como por arte de magia. También, por supuesto, existía algo de complejo entre los activistas blancos, un sentimiento de inferioridad y retribución entre quienes habían tirado de la militancia negra para rodearse de un halo de irreductibilidad. Pero todo aquello se desmoronó cuando aquella frase, abrupta y pronunciada a la velocidad de un rayo, salió disparada hacia el auditorio.
En un primer momento, el comentario penetró tímidamente, pero luego estallaron los reproches. Un reportero que cubría el evento –de los que habían logrado acreditación al haberse prohibido la entrada a la “prensa burguesa”– calificó la reacción del auditorio como un auténtico “pandemonium”. Walls, en el papel del general Custer, acababa de ver la silueta de cientos de indios en lo alto de una montaña. La emboscada perfecta.
Las feministas lograron hacerse escuchar y Walls, incrédulo, no tuvo más remedio que escuchar sus alegatos. Sin embargo, lejos de apaciguar los ánimos, Walls respondió afirmando que “Superman fue un frustrado porque nunca pudo follarse a Lois Lane”. Una vez caliente, la máquina semántica negra resultaba arrolladora. Un colega suyo, Jewel Cook, también black panther y seguramente también herido en su masculinidad, tomó el relevo y se sacó de la chistera una frase que atribuyó al revolucionario Stokeley Carmichael, quien al ser preguntado acerca de la posición que ocupaba la mujer negra en el movimiento revolucionario respondió que “boca arriba”.
La montaña cayó sobre nuestro hombre. Y Custer fue cazado y despedazado.
El negro mordía el polvo. Las feministas ardían bajo el lema “burn baby burn”. Fue hace tiempo, en 1969, pero los ecos aún retumban en las calles de esas ciudades que, cada cierto tiempo, parecen derrumbarse en conatos de protesta y revuelta.
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Cada cierto tiempo suelo asistir al espectáculo de los imitadores de gente como Walls, pero como casi siempre sucede los fans suelen ser peores que sus ídolos, tomando de éstos sus aspectos más histriónicos y rentables. También he de admitir que resulta todavía más frecuente encontrarse a un Walls oculto en cada hombre pretendidamente sensible con este tipo de cuestiones, lo que es todavía peor. Walls, las feministas y hasta Superman y Lois Lane nos sirven para recordarnos que entonces la lucha era por el dominio del lenguaje. Y quizás lo siga siendo. En el caso que nos ocupa, al deconstruir el lenguaje del poder (¡lo negro era hermoso!), éste adquiría el significado de una revancha ante la ominosa situación que vivía la comunidad negra.
A finales de los ‘60, todos los movimientos, grupos y organizaciones radicales de EE UU y de buena parte de Inglaterra tomaron al negro como la figura más irreductible; su lucha se situaba en una vanguardia inalcanzable. El negro y lo negro, como paradigma del último salvaje, era algo loable y hermoso. Lo de Walls no fue un ejemplo aislado y fueron frecuentes las actitudes machistas y paternales por parte de la militancia masculina. No resultaba una operación sencilla desmitificar al negro como portador de una rebelión que no llegaba o, cuanto menos, que contaba con pocos voluntarios para llevarla a cabo. Aquel mito se mantuvo durante años, aunque las feministas –el último movimiento político en el que creyó el filósofo Herbert Marcuse– siguieron denunciando el machismo de los “defensores” del “pussy power”.
Todo esto responde a un mismo mecanismo en las relaciones que se establecen entre la cultura hegemónica y la subcultura. La cultura popular está generalmente construida a base de un collage formado por citas, imágenes y emblemas muchas veces imprecisos. Walls, en este caso, nos sirve para avanzar en el tiempo. Su torpeza, al fin y al cabo, contribuyó a crear nuevas citas, imágenes y emblemas. Pero para ello fue necesario que el periodista Tom Wolfe asociase a los panteras con el radicalismo chic.
El negro era pop
Cinco años después del evento en el Coliseum, en 1974, Malcom McLaren y Viviene Westwood difundieron, por vez primera, un manifiesto político en forma de camiseta. Lo llamaron Un día te levantarás y sabrás en qué lado de la cama estás. Un enorme listado de nombres de cantantes, activistas, actores, políticos y revistas se dividía en un sinfín de “amores” y “odios”.
Existía una delgada línea entre el radicalismo chic de Wolfe y la sociología de la desviación convertida en negocio de McLaren y Westwood. Ambos eran productos de la vulgarización y del acceso a la cultura popular por parte de la rebelión sesentayochista y lo que de ella surgió. Era la época de los comunicados de los numerosos grupos armados que aterrorizaban al mundo, en especial EE UU, Japón y Europa, pero lo que demostró este hecho fue, entre otras cosas, que la rebelión podía resultar rentable y que las subculturas emergentes podían jugar con la violencia política.
Nadie salía “herido”.
Nada se tambaleaba.
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La camiseta-manifiesto se vendió entre cientos de jóvenes punks. Entre toda aquella multitud de nombres “bendecidos” figuraba el de Point Blank!, un pequeño aunque activo colectivo que funcionó entre 1971 y 1973 y que tuvo su base en San Francisco, donde produjo una multitud de panfletos. Universidades como la de Santa Cruz, en California, se publicitaban como la cuna de los ideales progresistas tras el paso de la contracultura y el movimiento hippie. Santa Cruz explotaba la mitología de la lucha estudiantil de lugares como Berkeley y, por esta razón, cuando un grupo formado por tres o cuatro personas –futuros miembros de Point Blank!– decidió desplegar todo tipo de tácticas de agitación dentro de la universidad, fueron considerados como una célula anarquista, un grupo de enragés y bichos raros.
El grupo siguió la estela de los situacionistas, convertidos ya en un fenómeno de imitación, a pesar de la resistencia a la recuperación por parte del propio Guy Debord. No fueron los únicos. California fue colonizada por una gran cantidad de grupos, la mayoría minúsculos, herederos del discurso situacionista. Lo primero que hicieron fue hacer circular un panfleto que reproducía fragmentos del texto situacionista Sobre la miseria del medio estudiantil. Luego publicaron un pequeño periódico llamado Black Flag Bulletin, donde criticaban duramente a los estudiantes y a la misma izquierda, al que le seguirían otros panfletos como Todos los estudiantes son yonquis. Todos losprofesores son policías.
Completamente aislados en el seno de la universidad y en medio de la descomposición de la nueva izquierda, aquellos amigos decidieron constituirse en un grupo ácrata de inspiración netamente situacionista al que llamaron Point Blank!, un nombre que posiblemente tomasen de la genial película dirigida por John Boorman en 1967. En la época en que salía a la calle la célebre camiseta-manifiesto, Point Blank! desapareció como grupo, aunque sus miembros inauguraron nuevos proyectos que continuaron la labor emprendida. Fue en este punto cuando su discurso se volviómás criminal y salvaje, influenciando aMcLaren (que conocía el grupo gracias a su amigo Jamie Reid) y a los futuros punks.
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Tras publicar los pósters que ilustran estas páginas, editaron un panfleto bajo el título de Viaje espacial: una guía oficial para los conductores de San Francisco, en forma de carta falsa firmada por todos los directores de los transportes públicos de la ciudad y dirigida a los conductores de autobuses. “No vamos a ningún sitio, sino de la casa al trabajo”, afirmaba el texto. Según la falsa guía, gracias al frecuente vandalismo se desenmascaraba la alienación del hombre moderno en las ciudades modernas. El texto incluía los dibujos de varios autobuses a los que les habían sustituido los destinos por las palabras “Aburrimiento” y “Ningún lugar”.
La segunda camiseta-manifiesto producida por McLaren y Westwood fue la conocida como “Anarchy Shirt” (1976). Distintas frases e imágenes se repartían por la superficie de la camiseta, que llevaba impresa en stencil una frase que decía lo siguiente: “Sólo los anarquistas son hermosos”. También incluía una imagen de Marx y referencias a Black Hand Gang, un nombre que McLaren tomó de la célebre banda anarquista de Andalucía de finales del siglo XIX, así como de un efímero grupúsculo, que tomó aquel nombre, vinculado a King Mob y surgido en torno a 1968/1969.
Varios años antes, en 1971, Point Blank! publicó un cómic desviado al estilo situacionista titulado Las dialécticas de la sexualidad, obra de Chris Wink, uno de sus más activos militantes, quien tiempo después alcanzó cierta fama como el tercer componente del grupo de performance Blue Man Group (aún en activo). El cómic original era un ejemplo de literatura para adolescentes, pero al desviar los diálogos el tebeo adquiría otro sentido totalmente distinto. El resultado era una pieza feminista que, haciendo uso de una brillante ironía, atacaba la hipocresía de revolucionarios como Walls y tantos otros. “El amor no es posible en esta sociedad (…). Lo que quieren todos los hombres es tu cuerpo”, decía uno de los personajes. “Decir que el amor no es posible es contrarrevolucionario”, le contestaba una segunda chica, que añadía que “todos los revolucionarios son hermosos”. McLaren hizo uso de aquella frase, pero desviándola hacia otros fines; cambió el “todos” por el “sólo” y la mención genérica a “los revolucionarios” se convertía en únicamente “los anarquistas”: “Sólo los anarquistas son hermosos”.
Justo al final, a modo de advertencia, el cómic afirmaba lo siguiente: “Recuerda, hermana, no permitas que tus jefes, policías, curas, profesores o militantes te jodan. Haz el amor con revolucionarios”.
Nada más y nada menos.
Sólo los anarquistas son hermosos.

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